Actividad 3


EL PROFESORADO COMO INVESTIGADOR:

El punto de partida de cualquier profesor investigador debe ser el cuestionamiento: ha de preguntarse acerca de su forma de enseñar y de actuar en clase para más tarde reflexionar y enmendar posibles errores. Algunas preguntas que podrían ayudarle serían: ¿Los resultados de mis alumnos son buenos? ¿Aprenden? ¿Se aburren en clase? ¿Mi metodología es la adecuada? ¿Cómo obraría otro profesor?, etc.

El profesor tiene dos formas de enfrentarse a su práctica docente: participar en ella o despreocuparse. El ser un profesor activo le proporcionará autonomía y control.

Según nuestra experiencia en la escuela, nos hemos dado cuenta de que antes no se le daba tanta importancia a la innovación ni se esperaba que los profesores cumplieran con las características de un investigador.

Aunque, por otro lado, también nos hemos dado cuenta que todas esas características e ideas no son nuevas ni actuales, sino que, aunque ciertos autores lo propusieran, la comodidad y el miedo impedían el cambio. Por ejemplo, se tiene mucho más en cuenta la opinión de los alumnos: se les pregunta por su experiencia, y se apuesta por un aprendizaje cooperativo.

Por tanto, podríamos decir que no coincide en casi ninguno de los casos, las características de nuestros profesores con las de los docentes que investigan.

«Un buen profesorado es el que está dispuesto a cambiar en el sentido que le dicta la reflexión sobre las evidencias que le muestra la práctica», Dewey.

Después de haber leído acerca del conocimiento educativo, lo entendemos como las acciones que puede realizar el profesor en el aula enfocadas a controlar las situaciones de esta y resolver conflictos y problemas.

Está formado por teorías, saberes y valores relacionados con la educación, que capacitarán al docente para actuar y obrar de forma adecuada en cada una de las diferentes situaciones.

Coincidimos con la idea de que este tipo de conocimiento es un elemento fundamental para conseguir una enseñanza de calidad.

Las características de un profesor que ponga en práctica este conocimiento (según Bruce y Russel, 1992) coinciden con el docente investigador, que reflexiona sobre su práctica para evolucionar.

También guarda relación con la colaboración necesaria entre docentes: el diálogo y la cooperación entre ellos son vitales si se quiere obtener buenos resultados en la práctica.


La enseñanza y la investigación siempre se han separado por diferentes motivos. Pero nosotras, a la causa que más importancia le damos es al desacuerdo existente entre los investigadores y el profesorado, debido a que los primeros conciben el conocimiento de forma distinta que los segundos.

La investigación tradicional, en lugar de intentar mejorar la práctica educativa, se ha dedicado a crear más y más teorías que han provocado la separación de la enseñanza y la investigación innovadora. La consecuencia de esto es que se hace más difícil mejorar la calidad de la educación.

Podemos diferenciar dos formas de concebir la relación entre investigación y enseñanza: una de ellas, la más tradicional, y la otra más actualizada.

La primera, entiende la enseñanza como una actividad técnica, separada de la investigación. La segunda forma entiende la enseñanza como una actividad investigadora, es decir, integrada. La diferencia esencial es la forma de ver el aprendizaje y la enseñanza: de forma objetiva o subjetiva.

Respecto a la primera forma, no estamos de acuerdo en que se intente alcanzar un conocimiento objetivo. Cada uno interioriza los contenidos de forma diferente, es imposible que todos aprendamos lo mismo logrando un único conocimiento verdadero. Somos personas subjetivas, cada una con una forma distinta de ver el mundo.

En cuanto a la forma en que el profesor resuelve los problemas, no creemos que emplear el conocimiento científico sea el método más acertado: no existe una única teoría dada que nos permita hacerlo milagrosamente.

Aunque el profesor debe tener conocimientos previos que le permitan solucionar dificultades con eficacia, dicha resolución no puede llevarse a cabo siempre de un mismo modo (basándose en teorías). La teoría es algo objetivo que no puede abarcar la subjetividad del aprendizaje.

Por otro lado, el papel del profesor no puede limitarse a “poner en práctica los hallazgos de la investigación tradicional”. Lo ideal sería que él mismo decidiera cómo obrar y aceptara sus errores, intentando cambiarlos. Además, que adaptara sus ideas a la situación que vive en clase: esta situación puede variar según diferentes factores, como los alumnos y el entorno (el lugar donde está situado el centro, nivel económico y cultural del barrio, recursos del aula, etc.) El resultado es un profesor flexible capaz de improvisar y de adaptarse.

Respecto a la segunda forma, destacamos la “enseñanza como actividad autorreflexiva”. Creemos que la enseñanza es una reflexión sobre lo que hacemos (sobre nuestra práctica docente), con el fin de mejorar y avanzar.

Aunque nadie como el profesor puede comprender y analizar el aula, no coincidimos del todo con la idea de Stenhouse (1998), que opina que solo el docente puede intervenir en el desarrollo de la clase. Es importante colaborar y contar con la ayuda de otros profesionales para poder así obtener mejores resultados. 

Este mismo autor afirma que el currículo “es el medio a través del cual el profesor aprende”. Coincidimos con él, pues creemos que los docentes sí necesitan una guía para así actuar según su propio criterio, como hemos dicho antes, adaptándose a la situación.

«Integrar investigación y enseñanza proporciona una oportunidad para el autodesarrollo del personal docente».

La idea de autodesarrollo del profesor coincide con la finalidad de mejorar de la enseñanza investigadora. La investigación proporciona autodesarrollo profesional y, en nuestra opinión, también personal para los docentes. Esto se debe a que su interés por investigar, analizar y cambiar nace de ellos mismos, de su necesidad.  

¿Cuáles son los motivos por los que la escuela no ofrece una enseñanza de calidad? Según el autor es debido a que no se motiva a aprender e investigar, sino que se crea alumnos pasivos y poco críticos.

Como conclusión, creemos que enseñanza e investigación deben estar unidas, pues para conseguir una nueva y mejor imagen de la enseñanza, el profesor debe cambiar y ser capaz de reflexionar, analizar e indagar, es decir, capaz de investigar.


Antonio Latorre hace alusión a las dos diferentes concepciones de la relación entre práctica y teoría. Una, aboga por la separación y a otra por la unión.

Para la primera, son los conocimientos teóricos guían la práctica del docente. En nuestra opinión, deben estar unidas, pues se necesitan la una a la otra: la teoría necesita la práctica para indagar, analizar y aplicar sus resultados y la práctica necesita la teoría para apoyarse en sus resultados. Así conseguiremos una práctica efectiva.

Autores como Elliott (1993) y Whitehead (1995) son contrarios al enfoque tradicional. El primero, indica que  el reflexionar permite teorizar sobre la práctica. Permite al profesor investigador aplicar teorías dentro de su práctica.

El segundo autor, tiene una visión circular de la relación teoría-práctica: después de realizar una práctica y formular su teoría, se da cuenta de los fallos cometidos;  para mejorarlos vuelve a realizar la práctica (mejorada) y a formular la teoría, y así sucesivamente. Esto permite la mejora de la práctica docente.

Hablaremos ahora de las distinciones que puede hacerse del rol del profesor y de su método de actuación según un enfoque más tradicional y relacionado con la teoría y otro más moderno y práctico.

En primer lugar, Schön (1992) diferencia dos tipos de racionalidades (prácticas del profesor para actuar): Una técnica y otra enfocada a la reflexión. La gran diferencia entre ambas es el cómo será el profesor (sus características) y su forma de enfrentarse a los problemas que puedan surgir.

En cuanto al profesor, se enfrenta el experto técnico que lleva a la práctica el conocimiento científico (un “usuario del saber”) contra la persona práctica y reflexiva que comprenderá mejor el conocimiento en la acción y de las situaciones problemáticas. El docente de la primera racionalidad jerarquizará la relación teoría-práctica y verá los problemas como procesos instrumentales, mientras que el reflexivo las unirá siendo capaz de explorar, y examinar nuevas situaciones.

A la hora de resolver problemas, uno aplicará teorías y técnicas científicas cuando el otro redefinirá las situaciones problemáticas prácticas, siendo su actividad profesional una actividad investigadora.

Para llevar a cabo la reflexión en la acción, Schön propone el modelo “práctico reflexivo: conjunto de actuaciones de naturaleza deliberativa para resolver problemas singulares.

Espera del profesor que reflexione, que construya su propio conocimiento y actúe según este. Que no que quede estancado en un conocimiento técnico, sino que lo integre con el reflexivo. Es decir, que busque seguir aprendiendo y no quedarse atrás.

El autor concluye con el concepto de la racionalidad reflexiva como una “práctica educativa diferente” comparada con la racionalidad técnica, “limitada para resolver problemas”.

Otra forma de resolver los problemas del aula la proponen Carr y Kemmis (1988). Esta es la racionalidad crítico-social, que a la hora de solucionar conflictos reflexiona sobre la práctica y toma una posición crítica frente a lo social. Comparte además la idea del papel del profesor con la racionalidad reflexiva de la que hemos hablado anteriormente.

La investigación “es una herramienta de transformación de las prácticas educativas.” Conlleva numerosas ventajas para el profesor, como son la satisfacción por el trabajo realizado y por los buenos resultados obtenidos, el avance en su carrera profesional y un estado de motivación constante.

“Necesidad del papel del profesorado como investigador en la educación.”

¿Qué significa el profesor como investigador? Es, bajo nuestro punto de vista, la nueva imagen que se le ha asignado al profesorado para mejorar sus actuaciones en el aula con los alumnos. Esta nueva imagen le dota de la capacidad de recapacitar y mejorar su forma de enseñar.

Hemos deducido que la esencia de esta propuesta de esta nueva imagen de profesor es la de cambiar la educación y así conseguir a la vez un cambio en la sociedad y una mejora de la formación del alumnado.

Para que la investigación se lleve a cabo se necesita, principalmente, el interés y un mínimo de vocación del profesorado.

Después del análisis de este texto nos hemos podido dar cuenta de la importancia que tiene realizar una buena práctica docente, y de que no puede conseguirse nada tan solo con ideas abstractas, sino que es necesario también que pueda llevarse a cabo.


Documento empleado para la reflexión: Latorre, A. (2005). La investigación acción Conocer y cambiar la práctica educativa. Graó: Barcelona.



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