Actividad 1


EL PODER DE LAS INNOVACIONES EDUCATIVAS EN LA SOCIEDAD. 

La idea de innovar en la educación viene dada del deseo de lograr una mejora educativa que otorgue una  enseñanza de calidad.  

Todos somos conscientes de que nuestro sistema educativo y nuestras escuelas necesitan mejorar: todos vemos que algo no funciona. Pero las propuestas de cambio son planteadas por las personas menos adecuadas: las que no están del todo implicadas e involucradas en la educación. Estos son los políticos y dirigentes de nuestro país, que proponen reforma tras reforma sin esperar a que las anteriores den sus frutos.

Quizá los numerosos fracasos que tienen lugar tras un intento de cambio se deben a que hemos pretendido aspirar demasiado alto, rozando la imposibilidad. Solo se puede alcanzar el éxito contando con la capacidad individual de cada profesor, que es quien promoverá el cambio. No se puede pretender conseguir algo utilizándoles pero sin tenerles en cuenta: son los afectados directos y los que darán sentido a la reforma.

Nos ha sorprendido saber que en España en los años 70, durante la época franquista, tuvo lugar el origen de las ganas de innovar en educación en nuestro país (inspiradas por ideas libres y  renovadoras). Estas innovaciones eran ajenas a las normas administrativas (ni las seguían ni eran opuestas), y se basaban en el intercambio de saberes entre unos y otros, es decir, en compartir sus propias experiencias. Además este método respetaba la singularidad de cada caso y situación, y por tanto la creatividad y la implicación de cada individuo.

Pero en la siguiente década todo se va al traste por intentar cambiar todo el sistema educativo de golpe, en lugar de poco a poco y por iniciativa de cada individuo. En otras palabras, por creer que al convertir en normas unas ideas de mejora éstas perdurarían y se cumplirían para todos por igual.

¿Y por qué ese afán por hacer que perduren todas nuestras ideas y experiencias? ¿Por qué no dejamos cabida a la posibilidad de un error, un fallo que pueda ser enmendado por una generación posterior? ¿Para qué unas normas, que son fijas y no atienden a mejoras?

Es cierto que cualquier cambio debe ser permanente en cuanto a que debemos esperar a que dé unos resultados, y somos nosotros mismos, los propietarios de nuestras ideas, los responsables de hacer que perduren. Pero no es tan importante hacer que duren como el confiar en que, en el futuro, alguien será capaz de apoyar o cambiar para bien esa idea. 

El papel del profesor es importante por varios motivos. Sus ideas, sus técnicas, métodos, etc. forman parte de un gran testigo que pasa de unas generaciones de maestros a otras. Pero es fundamental que se incluya la posibilidad de que esos jóvenes profesores puedan adaptar dichas ideas a su contexto presente. «Si queremos que los estudiantes participen (en el aprendizaje) hemos de cuidar que lo hagan suyo».

Es además el encargado de que todas las ideas de mejora se lleven a cabo, ¿por qué? Porque es el que está presente en clase, trata directamente con los alumnos y por tanto, a la hora de realizar una nueva actividad debe sentir que está haciendo lo correcto.

Los maestros deben asumir su responsabilidad y, como hemos dicho antes, su capacidad para hacer posible el cambio. Pero dicha capacidad debe ir seguida de una motivación  y deseo de cambiar previos.

La implicación de los docentes «requiere de la confianza que pueda permitir a las maestras y los maestros liberar el deseo de educar» (Contreras, 2004, citado por N. Blanco). La labor de los docentes carece de sentido sin dicha confianza.

Según Félix Angulo las escuelas innovadoras necesitan: desarrollar el currículo, desarrollarse profesionalmente y pretender mejorar la escuela. Es decir, deben recoger todas las características de los participantes en la educación: los profesores y alumnos han de estar motivados, deben desear mejorar y debe existir una buena relación de enseñanza-aprendizaje.

Para que esto tenga lugar y con éxito es importante la implicación activa y diaria de todos ellos. Es una implicación individual pero que necesita del apoyo entre ellos, dentro del centro y de otras escuelas.

No compartimos el actual concepto europeo de educación, que ve la escuela como una empresa, en la que los estudiantes trabajamos en busca de un trabajo futuro y un salario. Utiliza el trabajo humano como una herramienta de mercado. 


«Concepción de la escuela como una institución que trabaja con un bien esencialmente privado cuyo valor es, primero y ante todo, económico».


Esto hace que se fomenten cierto tipo de valores, como son la competitividad, la descentralización, el énfasis en el rendimiento… Todos ellos van en contra de lo que entendemos como favorable en el desarrollo de los niños en clase: continuamente pedimos que no sean competitivos, que trabajen en grupo y por placer y no por obligación, y después les introducimos en un sistema que les obliga a cambiar radicalmente su comportamiento.

Para nosotras, la educación forma parte de un crecimiento personal, o sea lo entendemos como un placer, un deseo de aprender.

¿Y qué es lo que necesitamos para innovar? Desaprender: no dar nada por sabido y superado. Tenemos que pararnos ante cualquier nimiedad y mirarla dos veces antes de darla como buena. «Si queremos ser eficaces no podemos utilizar respuestas viejas para situaciones nuevas». Esto no quiere decir que todo lo que ya sabemos no sea válido o que esté mal, ni que no debamos contar con las experiencias que otros tuvieron anteriormente, si no por el contrario debemos utilizarlas para detenernos a pensar y reflexionar antes de aprobar una idea.

«Es importante cambiar la mirada y centrar nuestro esfuerzo y nuestra inteligencia en modificar nuestra relación con el mundo» para que este cambie.

Otro problema que origina este caos con las reformas es que nos empeñamos en querer cambiarlo todo antes de intentar cambiar siquiera nuestro punto de vista y nuestra relación con el entorno que nos rodea.

En nuestra opinión, toda práctica debe estar basada en una teoría, y a su vez, toda teoría debe estar apoyada por una práctica, unos ejemplos y unas experiencias reales.

Desde el punto de vista de la pedagogía, la práctica docente, es decir, la labor de los maestros, no produce conocimientos valiosos para la teoría. En resumen, nuestra experiencia no aporta nada de valor. 

«El saber de los maestros es el que puede hacer la aportación más grande a investigación académica»


Como conclusión, hemos podido comprender lo importante que somos los profesores para poder llevar a cabo ese cambio que queremos que se realice. Dicha trasformación tiene siempre su origen en el deseo de que algo mejore, sentimos por tanto que algo estará bien después de esa mejora. 

Para poder obtener resultados satisfactorios, deberemos dar pequeños pasos, es decir, intentar que el cambio sea continuo y progresivo: no por dar grandes zancadas llegaremos antes a nuestro objetivo. 

Tampoco podemos esperar recorrer ese camino solos, sin apoyo de ningún otro compañero, pues perderemos las fuerzas y no llegaremos al final del trayecto. 




Documento empleado para la reflexión: INNOVAR MAS ALLÁ DE LAS REFORMAS: RECONOCER EL SABER DE LA ESCUELA, por Nieves Blanco García en REICE 2005, Vol. 3, Nº 1.




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